Muchos considerarían la vida como un torneo de ajedrez o póker en los cuales se planifican las acciones para reducir las probabilidades de error. Para otros podría ser como el lanzamiento de una moneda repartiendo así en partes iguales las probabilidades de éxito o fracaso. Pero creo que la mejor analogía es un juego de dados con el conocimiento de sus leyes físicas intrínsecas y extrínsecas sin caer en las supersticiones de las magias y en el cuál, en el mejor de los casos, un buen jugador tan solo ha tenido una buena racha.